se ha evidenciado que varios estudiantes presentan dificultades para
redactar textos coherentes y con buena ortografía, especialmente en los
primeros años de educación general básica. Por lo cual, esta situación refleja
la necesidad de reforzar el proceso de enseñanza de escritura desde las
aulas, mediante metodologías activas y recursos adecuados.
Así también, a nivel regional, los resultados del Estudio Regional
Comparativo y Explicativo, desarrollado por el Laboratorio Latinoamericano
de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) demuestran que gran
parte de estudiantes originarios de América Latina y del Caribe no alcanza
los niveles mínimos de competencia en escritura, especialmente en
coherencia, cohesión y ortografía (UNESCO, 2022). En vista de esto se
evidencia que la escritura es y seguirá siendo una habilidad muy importante
en la educación, en donde los docentes deben tener en cuenta esto, puesto
que la deficiencia de escritura no afecta solo el rendimiento académico, sino
que afecta también la comunicación y el pensamiento crítico de los alumnos.
De esta manera, los problemas en la escritura que muestran los
estudiantes afectan, claramente, su habilidad comunicativa y su proceso
diario de aprendizaje. De acuerdo con López et al., (2015) tener una buena
escritura no es solo saber las letras. Puesto que, se requiere también del
desarrollo del grafismo, la capacidad para hacer trazos correctos, para
coordinar los movimientos manuales, todo esto resulta en una escritura
legible y fluida. Debido a esta falta de solidez, los niños se cansan al escribir,
cometen muchos errores y se desaniman pronto. Además, Avendaño et al.,
(2017) indican que las dificultades al escribir pueden venir de problemas en
la mente, como la atención, la memoria o la planificación, la cual son muy
importantes para ordenar las ideas y ponerlas por escrito. Por lo tanto, la
enseñanza de la escritura se debe tomar en cuenta a la vez los aspectos
motores y cognitivos del estudiante.
Por tal motivo, las dificultades que afrontan los niños de cuarto año,
sin duda, provocan preocupación en el campo educativo dado que estas
inciden en la creación de ideas, la comprensión de contenidos y el desarrollo
del pensamiento. Estas barreras podrían estar relacionados con aspectos
físicos, tales como la escritura y la coordinación, además de factores
intelectuales y pedagógicos que modifican la manera en que los niños
aprenden a escribir.