Impacto de los modelos de economía solidaria
en la agricultura familiar y su aplicación a los
pequeños productores de la parroquia General
Proaño, periodo 2025
Impact of solidarity economy models on family farming and their
application to small producers in the General Proaño parish, period
2025
Deyaneira Anais Cazar Vallejo
Escuela Superior Politécnica de Chimborazo, Macas, Ecuador
deyaneira.cazar@espoch.edu.ec
https://orcid.org/0009-0006-8715-5444
Rogelio Estalin Ureta Valdez
Escuela Superior Politécnica de Chimborazo, Macas, Ecuador
rogelio.ureta@espoch.edu.ec
https://orcid.org/0000-0001-8756-8982
Recibido: 12/12/2025 - Aceptado: 12/02/2026 - Publicado: 21/02/2026
Autor de correspondencia: deyaneira.cazar@espoch.edu.ec
Como citar: Cazar Vallejo, D. A. & Ureta Valdez, R. E. (2026). Impacto de los modelos de
economía solidaria en la agricultura familiar y su aplicación a los pequeños productores
de la parroquia General Proaño, periodo 2025. DISCE. Revista Científica Educativa Y
Social, 3(1), 202-224. https://doi.org/10.69821/DISCE.v1i1.67
Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons Atribución 4.0.
Artículo de investigación
203
RESUMEN
Introducción: Esta investigación analiza la agricultura familiar como pilar de la
seguridad alimentaria y el desarrollo rural sostenible en la parroquia. El estudio se
fundamenta en la cooperación, la equidad y la autogestión comunitaria como ejes
transformadores.
Materiales y métodos: Se aplicó un enfoque mixto con diseño no experimental,
correlacional y transversal mediante encuestas y entrevistas a 15 agricultores. Los
instrumentos permitieron caracterizar condiciones socioeconómicas y examinar
profundamente las prácticas solidarias locales.
Resultados: Los resultados revelan que el 60% de productores tiene entre 50 y 59
años, evidenciando un marcado envejecimiento poblacional. Aunque el 47% aplica
la cooperación y precios justos, solo el 11% accede a créditos formales.
Discusión: Los datos sugieren que los modelos de economía solidaria operan bajo
una informalidad que limita su impacto estructural.
Conclusiones: El bienestar rural requiere políticas públicas integradoras y
educación cooperativa constante. Estas estrategias deben impulsar un desarrollo
local inclusivo para garantizar la sostenibilidad del sector agrícola.
Palabras claves: Economía solidaria, agricultura familiar, pequeños productores,
desarrollo rural, seguridad alimentaria.
ABSTRACT
Introduction: This research analyzes family farming as a pillar of food security
and sustainable rural development in the parish. The study is based on
cooperation, equity, and community self-management as transformative axes.
Materials and methods: A mixed approach with a non-experimental, correlational,
and cross-sectional design was applied through surveys and interviews with 15
farmers. The instruments allowed us to characterize socioeconomic conditions and
examine local solidarity practices in depth.
Results: The results reveal that 60% of producers are between 50 and 59 years
old, evidencing a marked aging of the population. Although 47% apply cooperation
and fair prices, only 11% have access to formal credit.
Discussion: The data suggest that solidarity economy models operate under a
degree of informality that limits their structural impact.
Conclusions: Rural well-being requires inclusive public policies and ongoing
cooperative education. These strategies must promote inclusive local development
to ensure the sustainability of the agricultural sector.
Keywords: Solidarity economy, family farming, small producers, rural
development, food security.
204
INTRODUCCIÓN
La agricultura familiar constituye hoy en día uno de los pilares
fundamentales de la seguridad alimentaria y la resiliencia territorial, por lo
que en contextos rurales de América Latina. A nivel global y regional, las
investigaciones recientes marcan las unidades de agricultura familiar que
proveen una proporción significativa de los alimentos consumidos
localmente y despliegan estrategias adaptativas, como es la diversificación
de cultivos, manejo de jardines domésticos, prácticas agroecológicas, que
aumentan la resiliencia frente a choques climáticos y de mercado. Estas
funciones sistémicas han sido destacadas en revisiones recientes sobre
familias y sistemas alimentarios resilientes (Chaves et al., 2023). Además,
la crisis alimentaria exige reformular el actual modelo agroalimentario
capitalista y construir una nueva relación que respete el sistema cultural y
los ecosistemas naturales.
En este contexto, la agricultura familiar representa una nueva
perspectiva de la actividad económica. Lo que quiere decir, que la crisis
alimentaria representa una oportunidad, puesto que ha permitido debatir la
importancia de la soberanía alimentaria, como derecho de la población a
obtener su propio sistema alimentario, que permita el consumo de alimentos
sanos y nutritivos producidos con tecnologías compatibles con el medio
ambiente (Medina Rey et al., 2021). A su vez, tiene gran relevancia
productiva, económica, social y cultural en el país, pero todavía cuenta con
grandes dificultades de encajar en el mercado capitalista altamente
competitivo. La economía solidaria pretende ser un contrapunto a ese
sistema económico vigente, pues se basa en el desarrollo económico
amparado en la cooperación entre las personas, en la autogestión de los
emprendimientos y en la búsqueda por una forma de vida mejor de sus
participantes (Rêgo & Godoi, 2022).
Por consiguiente, el concepto de agricultura familiar en América Latina
se origina a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, a partir de las
publicaciones realizadas por los historiadores Chayanov y Ayala quienes la
denominan “unidad económica familiar” (Torres-Solis et al., 2020).
Asimismo, la actividad agrícola familiar al ser un sistema de producción
205
sencillo, comúnmente adoptado por pequeñas propiedades rurales, donde
el sustento y la supervivencia de las familias dependen del manejo de la
tierra. Este tipo de actividad no es reciente en el país, pero está ganando
más protagonismo debido a su expansión. Con el fin de descubrir las
relaciones existentes entre la economía solidaria y la agricultura familiar,
puesto que actúa en diversas dimensiones, como la económica, social,
ambiental, cultural y territorial. Contribuyendo significativamente al
desarrollo local, ampliando las oportunidades de empleo e ingresos (Araujo
& Fahd, 2021).
Por consiguiente, los modelos de Economía Solidaria también
denominados economía social y solidaria o popular y solidaria en contextos
latinoamericanos, proponen formas organizativas basadas en la
cooperación, la gobernanza democrática, la primacía del bienestar social
sobre el lucro y la reinversión colectiva de excedentes. En nuestro país
Ecuador, la economía social y solidaría ha sido incorporada tanto en
políticas públicas como en estudios académicos, debido a su capacidad para
promover el desarrollo rural y constituirse en una alternativa frente a
modelos productivos de carácter extractivos o fuertemente orientados al
mercado. Estas propuestas colocan a la agricultura familiar en el centro de
estrategias de sostenibilidad, inclusión social y gobernanza local (Villalba-
Eguiluz et al., 2020).
En nuestro país ha existido un progresivo avance en el reconocimiento
de la importancia a nivel normativo y en la gestión de ciertas políticas
públicas agropecuarias. No obstante, los problemas estructurales de las
familias en muchos territorios persisten, como la desigualdad y pobreza, la
desnutrición crónica y la mal nutrición, la migración, el envejecimiento de
las personas productoras, la violencia y la falta de oportunidades, lo que se
ha tenido que adaptar y subsistir frente a los escasos niveles de
apalancamiento de estas políticas para este sector (Martínez & Flores, 2024).
Cabe mencionar que la evidencia empírica que cuantifique y caracterice el
impacto de estos modelos en términos de sostenibilidad económica, social y
ambiental, así como en la resiliencia específica de los pequeños productores
en regiones vulnerables como la parroquia General Proaño, perteneciendo
al cantón Morona, provincia de Morona Santiago, sigue siendo limitada, lo
206
que resalta la necesidad de investigaciones, en donde los pequeños
productores se han visto marginados de los circuitos económicos
tradicionales, lo que ha condicionado su sostenibilidad productiva ante
crisis económicas, sanitarias y ambientales.
A pesar de que Morona Santiago sea considerado como un potencial
agrícola, las condiciones de comercialización, infraestructura y
organizaciones comunitarias no han sido favorables para el desarrollo de la
agricultura familiar bajo el principio de economía solidaria, en la que se
observa un desaprovechamiento de los modelos cooperativos o asociativos
(Gualán Oviedo et al., 2023). Lo que quiere decir que en Ecuador y en
estudios de casos a escala parroquial y cantonal, investigaciones recientes
han documentado tanto oportunidades como limitaciones en procesos de
incorporación de la economía social y solidaría a la economía rural: algunos
trabajos muestran mejoras en la seguridad alimentaria local, en la
diversificación productiva y en la gobernanza, mientras otros destacan las
tensiones entre integración de mercados y valores solidarios.
En consecuencia, surge la necesidad de investigar si la implementación
de los modelos de economía solidaria en la parroquia General Proaño ha
generado impactos significativos en la agricultura familiar. Por otra parte,
el problema central que aborda esta investigación es, ¿En qué medida y de
qué manera los modelos de economía solidaria implementados en la
parroquia General Proaño impactan en la agricultura familiar, y cuáles son
los factores que repercuten en el éxito o limitaciones de estos modelos en el
ámbito local?, en la que se presenta como objetivo general, evaluar el
impacto de los modelos de economía solidaria en la agricultura familiar y su
aplicación a los pequeños productores en la parroquia General Proaño,
promoviendo el bienestar integral de las comunidades rurales.
Sin embargo, los pequeños productores enfrentan múltiples desafíos
estructurales como el acceso limitado a mercados, créditos, tecnologías y
condiciones climáticas adversas, que suelen presentarse en nuestra región,
puesto que dependen de la agricultura familiar como principal fuente de
ingreso económico (Sánchez Tobar et al., 2022). Por lo que, esta
investigación busca contribuir a la reducción de la vulnerabilidad
207
socioeconómica, fomentar la equidad e igualdad en el acceso a mercados y
recursos, pero sobre todo incidir positivamente a mejorar el nivel de vida de
los pequeños productores de la parroquia, preservando sus saberes,
tradiciones y vínculos comunitarios.
MATERIALES Y MÉTODOS
La investigación se llevó a cabo bajo un enfoque metodológico mixto,
implementando técnicas cuantitativas y cualitativas con el propósito de
obtener una comprensión integral sobre los impactos de los modelos de
economía solidaria en la agricultura familiar. Este enfoque permitió no solo
cuantificar el impacto a través de indicadores medibles, sino también
comprender las dinámicas sociales y experiencias de los pequeños
productores que subyacen en datos numéricos. El diseño de la investigación
fue no experimental y correlacional explicativo, en vista de que las variables
se observaron tal como ocurren en su contexto natural, sin manipulación.
Adicionalmente, se aplicó un diseño transversal para la recolección de
datos aplicado en un solo momento durante el año 2025. Con relación al
área de estudio, se lo realizó en la parroquia General Proaño, cantón
Morona, provincia de Morona Santiago, seleccionada como un caso de
estudio estratégico debido a su predominio de los pequeños productores y
la presencia de diversas iniciativas de economía solidaria, como
asociaciones de productores y grupos de comercialización local, y también
la vulnerabilidad de la zona frente a desafíos socioeconómicos previamente
descritos.
En este sentido, la población estuvo conformada por los 15 productores
agrícolas registrados por el GAD Parroquial. Puesto que se incluyó a la
totalidad de los productores identificados, en la que se adoptó un enfoque
censal. A manera complementaria, se seleccionaron informantes claves de
manera intencional considerando su conocimiento y experiencia en
economía solidaria y agricultura familiar en la parroquia. De igual forma las
técnicas e instrumentos que se aplicaron para la recolección de datos, se
empleó una encuesta estructurada dirigida a los 15 productores en la que
se incluyó variables relacionados con la edad, composición del núcleo
208
familiar, acceso a mercados, tipos de cultivos y participación en
organizaciones solidarias. Con la información obtenida mediante esta
técnica, se utilizó exclusivamente para la caracterización descriptiva de la
población y para contextualizar la condiciones socioeconómicas y
productivas de los agricultores. No obstante, también se realizaron
entrevistas semiestructuradas a los 15 productores, lo que permitió
profundizar en sus historias de vida, los motivos que orientan su
participación en iniciativas de economía solidaria las ventajas y desventajas
que perciben en estos modelos, así como en las dinámicas de confianza,
cooperación y reciprocidad que caracterizan sus relaciones productivas y
comunitarias.
RESULTADOS
Él estudió abarcó a una población de 15 productores dentro de la
parroquia, evidenciando que el 60% de los participantes tienen entre 50 y
59 años como se demuestra en el gráfico 1, siendo esta edad el predominio
de personas adultas mayores en la agricultura familiar. Esto indica un
envejecimiento del sector y poca participación por parte de los jóvenes, un
dato importante para el diseño de políticas de economía solidaria que
fomente la participación de jóvenes dentro de la parroquia.
Gráfico 1. Edad de los productores
Nota. Elaboración propia
En la gráfica 2, se puede observar que el 73% predominan los hombres
en las actividades, agrícolas, pero existe una participación femenina
209
relevante con el 27%, lo cual muestra un aporte importante de las mujeres
dentro de la agricultura familiar, lo que resalta la importancia de incorporar
enfoques de equidad de género en los modelos de economía solidaria.
Gráfico 2. Género
Nota. Elaboración propia
En la gráfica 3, el 46% cuenta con educación secundaria, mientras que
solo el 20% alcanzó el bachillerato. Este nivel educativo medio bajo puede
influir en la adopción de prácticas sostenibles y en el acceso a programas
de economía solidaria y en la gestión de asociaciones, en la que los
productores con mayor nivel de escolaridad tienen a involucrarse más en
procesos educativos.
Gráfica 3. Nivel de educación
Nota. Elaboración propia
En la gráfica 4, se demuestra que la mayoría de los hogares están
integrados entre 5 o más miembros lo que representa al 46%. Esto resalta
la importancia de la agricultura como sustento para familias numerosas.
210
Gráfico 4. Tamaño de la unidad familiar
Nota. Elaboración propia
De acuerdo con la gráfica 5, la cantidad de hectáreas cultivadas,
predominan las pequeñas explotaciones, con menos de 1 ha que representa
el 40%, lo que caracteriza a estos agricultores como pequeños productores
familiares, con limitaciones a escala productiva.
Gráfica 5. Cantidad de hectáreas usadas para la siembra
Nota. Elaboración propia
Según los datos de la gráfica 6, se pueden observar que el 22% de los
productores siembran yuca como principal fuente de alimentación en sus
hectáreas de terreno, seguido con el 18% de maíz, 17% de plátano, 13% de
papa china, 11% de caña de azúcar y cacao y finalmente el 4% de naranjilla
y guanábana, puesto que estos cultivos tradicionales son de consumo local
y regional, fundamentales para la seguridad alimentaria y con bajo nivel de
diversificación hacia productos de alto valor agregado.
211
Gráfica 6. Principales productos cultivados
Nota. Elaboración propia
En la gráfica 7, nos demuestra que la agricultura familiar es el eje del
sistema productivo, con fuerte presencia de mano de obra familiar, en la que
el 100% utilizan mano de obra familiar, dado que todos dependen de la
fuerza laboral de su propio hogar, la pequeña escala puede limitar el acceso
a mercados formales, pero también favorecer la cohesión y la solidaridad
intrafamiliar, lo que reduce costos de producción, aunque se limita la
capacidad de expansión.
Gráfico 7. Mano de obra familiar
Nota. Elaboración propia
De tal manera, en la gráfica 8 el 67% de los productores de la
parroquia, participa en organizaciones agrícolas, lo que indica una baja
asociatividad, factor que limita el acceso a beneficios colectivos, asistencia
técnica y mejores condiciones de comercialización.
212
Gráfica 8. Pertenencia a una asociación o cooperativa
Nota. Elaboración propia
Adicionalmente, en la gráfica 9, el 60% concentra la asociación de
productores de la parroquia, esto indica que la base organizativa es local,
siendo el principal motor para la implementación de modelos solidarios
dentro de la parroquia General Proaño, el 20% restantes se encuentra en
ganadería y el 20% en financiera, esto revela que para estos productores el
modelo solidario puede buscar soluciones de capital como el acceso a
créditos.
Gráfico 9. Asociación o cooperativa que pertenece
Nota. Elaboración propia.
En el gráfico 10, se evidencia que el 60% de los productores no
participan activamente en las reuniones, la baja frecuencia de participación
se correlaciona a la con la baja afiliación, indicando un capital social
213
inactivo mientras que no logra consolidar la gobernanza de los modelos
solidarios.
Gráfico 10. Frecuencia de participación de las reuniones
Nota. Elaboración propia
Como se observa en la gráfica 11, se evidencia el 67% de los productores reciben
asistencia técnica, pero un 33% carecen de apoyo institucional, lo que demuestra debilidades
en la gestión de las asociaciones.
Gráfico 11. Asistencia técnica a través de la asociación
Nota. Elaboración propia
Como se observa en la gráfica 12, el 56% solo recibe asistencia técnica, siendo la
oferta de beneficios aún limitada, concentrada en el aspecto técnico, sin fortalecer acceso a
mercados ni financiamiento, el 33% se toma en cuenta al acceso a mercados y el 11% a
214
créditos que es baja, lo que demuestra que los modelos de economía solidaria en la parroquia
no están resolviendo el problema de acceso a capital o financiamiento a los productores.
Gráfico 12. Beneficios recibidos por participar en asociaciones o cooperativas
Nota. Elaboración propia
Como se evidencia en la gráfica 13, el 44% depende de ferias locales
que se realizan dentro de la parroquia, lo que valida el rol de los espacios
comunitarios para la economía solidaria. No obstante, la dependencia de
intermediarios 30% es aún significativa, indicando que el modelo solidario
no ha logrado la autonomía total de la cadena de valor tradicional.
Gráfico 13. Lugar principal de comercialización.
Nota. Elaboración propia
La gráfica 14 evidencia que las principales dificultades para comercializar sus
productos son precios bajos 44%, 22% falta de comercialización, alto costo de transporte
17%, parte de los intermediarios 13%, esto evidencia una debilidad estructural en el poder
215
de negociación de sus productos. También se puede observar que no comercializan sus
productos 4%, sino que lo utilizan únicamente para consumo familiar.
Gráfico 14. Principales dificultades para comercializar
Nota. Elaboración propia
La gráfica 15 demuestra el desconocimiento en un 60% y solo el 40%
sabe lo que es la economía solidaria, lo que representa un bajo conocimiento
sobre este modelo, limitando su adopción y los beneficios potenciales. Esto
es un hallazgo fundamental, puesto que indica que la aplicación de las
practicas solidarias es intuitiva, cultural y no un marco ideológico o
estratégico conscientemente adoptado.
Gráfico 15. Conocimiento sobre economía solidaria
Nota. Elaboración propia
216
Además, en la gráfica 16, el 47% aplica practicas solidarias como:
apoyo a otros productores, establecimientos de precios justos,
comercialización conjunta en ferias, mercados y tiendas comunitarias, así
como el compartir herramientas, insumos y conocimientos, pero el 53%
demuestra que aún no se consolidan como modelo dominante.
Gráfico 16. Aplicación de prácticas solidarias en producción o venta
Nota. Elaboración propia
En la gráfica 17, se considera que la práctica más común es el apoyo a otros
productores locales 27%, establecimientos de precios justos 20%, así como también el
compartir las herramientas, insumos o conocimientos 20%, esto nos da a entender que la
economía social y solidaria se manifiesta más frecuentemente en el mutualismo y el capital
social informal que en la formalización de mecanismos de comercialización o precios.
Gráfico 17. ¿Qué prácticas solidarias aplican?
Nota. Elaboración propia
A su vez, en la gráfica 18, el impacto recibido es moderado, de los 15
productores, solo 5 de ellos consideran que la economía solidaria a
217
impactado de manera positiva economía familiar, el 60% considera de muy
buena manera, mientras que el 40% considera que mejoró su vida
significativamente.
Gráfico 18. Percepción del impacto de los modelos de economía solidaria (solo
entre quienes aplican)
Nota. Elaboración propia
Por ende, en la gráfica 19, nos muestra que los 15 productores al tener
un poco más de conocimiento en cuanto a la economía solidaria, los
aspectos más valorados es el fortalecimiento comunitario 30%, el 27%
representa la seguridad alimentaria y acceso a mercados, lo cual índice con
las necesidades prioritarias de las familias productoras.
Gráfico 19. Aspectos más importantes del impacto de la economía solidaria
Nota. Elaboración propia
218
DISCUSIÓN
Los resultados de la presente investigación concuerdan con los
criterios de algunos autores que se centran en el vínculo directo entre la
agricultura familiar y la economía solidaria, en donde la participación en
modelo de economía social y solidaria, esta positivamente asociada con
niveles más alto de sostenibilidad económica, social y ambiental, así como
una mayor adaptabilidad productiva y organizativa en la agricultura familiar
dentro de la parroquia General Proaño. Estos hallazgos coinciden con
investigaciones previas que señalan que las redes solidarias fortalecen las
capacidades locales, mejoran el acceso a mercados y promueven prácticas
agrícolas más sostenibles (Serrano-Serrato & Benavides, 2021).
El predominio de productores entre los 50 y 59 años de edad, señalan
un claro envejecimiento del sector agrícola. Siendo esta característica la que
limita la innovación, la adopción de nuevas tecnologías y la sostenibilidad a
largo plazo, pues la transmisión de conocimientos y el relevo generacional
no se manifiestan con fuerza, (Contreras, 2023) en su estudio, resalta que
la falta de jóvenes en la agricultura familiar es un reto común, y se vincula
con migraciones rurales, con menores incentivos agrícolas frente a otras
alternativas económicas y con la percepción de una baja rentabilidad.
Considerando que la participación de jóvenes podría requerir estímulos en
la formación técnica, financiamiento y reconocimiento de la agricultura
como opción viable de vida. La educación de los productores sugiere
barreras para la apropiación de modelos solidarios más formalizados.
Una menor escolaridad puede llegar a dificultar la gestión
organizativa, el acceso a información, la adopción de innovaciones y la
participación en mercado más exigentes, (do Nascimento et al., 2020)
manifiestan que la educación influye positivamente en la capacidad
emprendedora, en la gestión de cooperativas y en el aseguramiento de la
calidad de productos agrícolas. Esto puede explicar que, aunque casi la
mitad de los productores aplica practicas solidarias, muchas de ellas son
relativamente informales o de bajo grado de complejidad. Además, la
producción dominada por pequeñas explotaciones con menos de 1 ha y los
cultivos tradicionales como yuca, maíz y plátano, confirma la naturaleza de
219
la agricultura familiar como subsistencia, con una dependencia total de la
mano de obra familiar, tiene gran enfoque en la seguridad alimentaria,
aunque crucial, limita la capacidad de generar excedentes y la inserción en
las cadenas de valor más competitivas, considerando que el nivel educativo
medio-bajo puede obstaculizar la adopción de prácticas sostenibles
avanzadas y eficientes de las organizaciones solidarias.
Por un lado, a pesar de que solo el 67% de los productores se
encuentran asociados, la baja asociatividad y la inactividad del capital
social, en la que el 60% no participa activamente, demuestra una debilidad
en la gobernanza y la cohesión organizacional. Este estudio muestra que la
base organizativa local es el motor de los modelos solidarios; sin embargo,
este motor opera con un conocimiento limitado, solo el 40% sabe que es la
economía solidaria, siendo este hallazgo crucial, puesto que implica que la
aplicación de prácticas solidarias es intuitiva y cultural, en lugar de un
marco ideológico o estratégico conscientemente adoptado, tal como se
aborda en los principios de la ESS (Romero et al., 2024). El mutualismo
informal, es decir, el apoyo a otros productores que representa el 27% de los
datos obtenidos, prevale sobre los mecanismos formales de comercialización
o precios, lo que indica que la solidaridad es considerada un mecanismo de
supervivencia social, con la necesidad de construir tejidos sociales más
justos y comunitarios en la agricultura campesina (Espinel & Solórzano,
2025).
Otro factor importante que destacar es la limitada oferta de beneficios
de las asociaciones, se concentra el 56% en la asistencia técnica, mientras
que el acceso a créditos es estrechamente bajo 11%. Esto demuestra que los
modelos de economía solidaria en General Proaño no están logrando resolver
el problema en cuanto al acceso a capital y financiamiento para los
pequeños productores, siendo el lugar principal de comercialización las
ferias locales, lo que evidencia que los circuitos de comercialización tienen
un rol central. No obstante, la persistencia de los intermediarios indica que
los productores todavía no logran autonomía completa en la cadena de valor,
lo que puede llegar a reducir sus márgenes de utilidad. Estudios en Manabí
Ecuador han mostrado desafíos similares, en donde productores de
economía social y solidaria luchan por acceder directamente al consumidor
220
o al mercado formal, enfrentando costos de transporte, barreras logísticas,
normas sanitarias, entre otros (Rezabala Encalada & Pilar, 2024). Esta
investigación pone en evidencia que, aunque los espacios comunitarios son
calve, aún existen una gran dependencia que compromete la equidad en los
ingresos.
Por otro lado, pese a estas limitaciones, el impacto es positivo entre
quienes aplican prácticas solidarias, en donde los aspectos más valorados
son el fortalecimiento comunitario 30% y la seguridad alimentaria 27%. Esto
sugiere que el valor primario de la economía social y solidaria en la
parroquia radica en su capital social y su rol en la resiliencia social y el
bienestar antes que un impacto económico formal significativo, que
demuestra que el fortalecimiento de organizaciones solidarias mejora la
calidad de vida y el crecimiento regional (Gómez Rodríguez et al., 2021).
Finalmente, la economía social y solidaria en la parroquia General
Proaño es una estrategia culturalmente arraigada, ejecutándose
principalmente a nivel informal (Serrano & Benavides, 2021). Incluso los
resultados no solo confirman que los modelos de economía social y solidaria
fomentan la sostenibilidad de la agricultura familiar, sino que también
demuestra que su implementación exitosa requiere una combinación de
factores internos como, capital social, organización comunitaria y el apoyo
institucional para un mejor acceso a mercados. Lo que implica que cualquier
estrategia de desarrollo rural debería incorporar la economía social y
solidaria como eje transversal en articulación con programas de
capacitación técnica, financiamiento y políticas ambientales.
CONCLUSIONES
Este estudio permitió comprender de manera integral el impacto de
los modelos de economía solidaria en la agricultura familiar y su aplicación
a los pequeños productores de la parroquia General Proaño, evidenciando
que, aunque existen prácticas y estructuras solidarias activas, su alcance
aún es incipiente y requiere fortalecimiento institucional, organizativo y
formativo para consolidarse como modelo de desarrollo sostenible. Es
evidente que la agricultura familiar continúa siendo un eje central del
sistema productivo local, garantizando la seguridad alimentaria de las
221
familias y el sustento de sus hogares, Pese a ello, el envejecimiento de los
productores, superando los 50 años y los bajos niveles de escolaridad,
presenta una brecha en las capacidades técnicas, lo que restringen la
innovación, la diversificación productiva y el uso de tecnologías sostenibles.
Por otro lado, los resultados obtenidos evidencian que los modelos de
economía solidaria presentes en la parroquia, operan desde un enfoque
empírico y cultural y aunque la mayoría practique formas espontáneas de
cooperación, trueque, apoyo mutuo y comercialización colectiva; esto
confirma que la solidaridad en la zona es más vivencial que institucional, lo
cual constituye tanto una fortaleza cultural como una limitación para el
desarrollo de estrategias sostenibles y formalizadas. Además, se identificó
que los circuitos locales de comercialización, como ferias comunitarias, son
considerados como los espacios más significativos para la economía
solidaria, fortaleciendo de esta manera el vínculo entre productores y
consumidores y reduciendo parcialmente la dependencia de intermediarios,
pero los bajos precios de venta continúan afectando la rentabilidad y
sostenibilidad económica de las familias productoras. Pese a estas
limitaciones, el estudio demuestra una economía solidaria positiva entre
quienes aplican practicas solidarias, en donde el fortalecimiento
comunitario, la seguridad alimentaria, fueron los logros más valorados,
antes que la generación de ingresos inmediatos o la comulación económica.
La economía social y solidaria constituye una vía viable y
culturalmente conveniente para el desarrollo rural de la parroquia General
Proaño, ratificando su capacidad para generar un impacto económico, social
y ambiental al tiempo que fomenta la autonomía de los pequeños
productores, pero se requiere fomentar la educación cooperativista,
promover la participación juvenil, ampliar el acceso a mercados solidarios y
créditos comunitarios y a su vez, fortalecer la gobernanza asociativa desde
los principios de equidad, autogestión y sostenibilidad. Estos hallazgos
deben servir como un llamado a la acción para actores gubernamentales y
no gubernamentales, para que de esta manera incorporen la economía
solidaria como un eje central para el desarrollo.
222
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Conflicto de intereses
El autor (o los autores) declara(n) que esta investigación no tiene conflicto de
intereses y, por tanto, acepta(n) las normativas de publicación de esta revista.
Financiación
El autor (o los autores) declara(n) que esta investigación no fue financiada por
alguna institución.
Declaración de contribución de los autores/as
Deyaneira Anais Cazar Vallejo: Conceptualización, Metodología, Software,
Investigación, Curación de datos, Análisis formal, Visualización, Redacción -
borrador original.
Rogelio Estalin Ureta Valdez: Conceptualización, Validación, Recursos,
Redacción - revisión y edición, Supervisión, Administración del proyecto.